bien…hoy estaba en medio de la busqueda imposible de un archivo que parece anda juagndo a las escondidas por mi computadora, porque no logro encontrar donde lo guarde..y sin querer me tope con el archivo de mi historia y me acorde de ella….y me di cuenta que hace meses que no la continuo…y me agarro un poco de culpa….porque aunque nadie comente, tengo la esperanza de que alguien la lea y había prometido publicarla…
por lo que sin mas rodeos….aqui esta la continuacion de mi fic….sobre el fic de “el hacedor de reyes“
solo reitero mi recomendacion para aquellos que no la hayan leido….la pueden buscar como “harry potter y el hacedor de reyes”, es una historia de “Martin Lazarte”…
espero que anden bien…saludos…
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La jornada había sido larga y agotadora, mas que nada porque su cabeza estuvo trabajando en mas de una cosa a la vez a lo largo de todo el día, por lo que una vez finalizo de acomodar sus pertenencias en su oficina, se dirigió hasta el despacho de Livius, donde este le aguardaba para marcharse a la casa que compartían hacia mas de un año en las cercanías de Londres.
Una vez que se aparecieron en el interior de su hogar, la joven pareja se sintió invadida por la necesidad de desplomarse en el sillón mas cercano a su alcance para así embriagarse con esa sensación de comodidad y pertenencia que solo aquel lugar les podía transmitir.
Mientras aun permanecían acobijados en el mullido mueble, Alcyone comenzó a quitarse los zapatos de tacón oscuros que le habían torturado los pies durante todo el día y Livius la imito, despojándose de su chaleco e intentando desanudar su corbata, a la vez que observaba como su novia se calzaba de unas pantuflas que convoco con un rápido “accio” y emprendía camino hacia la cocina.
Aquella casa en la que habitaban, regalo hecho por Albus, si bien no era demasiada extravagante ni lujosa, tampoco podría decirse que fuese una humilde morada, mas bien era una casa de respetables dimensiones, que contaba con un living, una sala de reuniones, un comedor un poco mas familiar para cuando estaban ellos dos solos, la bien equipada cocina, y dos despachos, a demás de tres habitaciones con sus respectivos baños, todo ello distribuido en dos pisos que se conectaban por la escalera principal que tenia naciente en el hall de entrada; todo protegido mágicamente para que solo un numero reducido de individuos autorizados pudiesen aparecerse allí o utilizar la red flú, a demás de permanecer custodiada de forma permanente por la guardia que Albus encomendó personalmente para aquel trabajo, en cada una de las viviendas de todos los integrantes de su circulo cercano, como una forma de precaución de cualquier ataque directo.
La joven se desperezaba lentamente mientras realizaba su recorrido hasta las hornallas, donde coloco una pava con agua, para preparar un poco de té para calmar los nervios, ya tan acostumbrados colegas de andanzas, y cuando se disponía a regresar hasta donde la esperaba Livius, no pudo evitar toparse con el enorme espejo de cuerpo completo que decoraba el pasillo por el cual caminaba.
Alcyone se paro en seco en aquel lugar, permaneciendo ausente de cualquier intento por realizar una acción consiente, y se coloco en frente de aquel reflejo que le devolvía la mirada y le perturbaba su escasa tranquilidad, totalmente exhorta de toda realidad que la rodeara en ese momento, porque allí estaba ella, todo lo que ella era, fue y podría ser, manifestado en aquella imagen, perfecta copia de su propio cuerpo, aquel cuerpo que ella tanto temía fuese a cambiar, e inconscientemente apoyo una de sus manos sobre su vientre, sintiendo un escalofrió al imaginarse las consecuencias que traería consigo si sus sospechas fuesen ciertas, si se adelantaba a las pruebas o si tan solo una mínima opción salía mal.
Ella meneo la cabeza compulsivamente, alejando aquella idea, y contemplo por última vez su reflejo para dirigirse nuevamente a la cocina, pero esta vez a acallar los silbidos de la pava y preparar la tan ansiada infusión.
Al llegar hasta la sala donde había dejado a su novio con ambas bebidas listas para ser degustadas, se encontró con la imagen de un Livius rendido ante Morfeo, colocado incómodamente en el sillón, con sus piernas extendidas sobre el mueble, mientras que la mitad de su cabeza sobresalía del mismo, en un extraño ángulo del que ella no dudaba, le ocasionaría una futura contractura cervical, como una clara señal que su propósito no había sido el pernotar allí.
Ella sonrío bobamente, aquel joven hombre a pesar de todo lo vivido jamás dejaría de ser para ella, aquel niño tierno y retrotraído del cual se había enamora en sus años de estudiante.; por lo que dejo las tazas sobre una mesa ratona y con un movimiento de barita acomodo el sillón para que cupieran ambos, apareció un par de edredones y acomodo a su novio en una posición mas apropiada, con el cuello sobre las almohadas del sillón.
El lapso de tiempo siguiente, que demoro en beber de un solo sorbo su té, quitarse el suéter de lino que llevaba y acomodarse al lado de su novio, mientras lo rodeaba con los brazos y le susurraba un “buenas noches” al oído, no era algo de lo que estuviera completamente segura, producto quizás del inminente cansancio que la aplomaba, la necesidad de poder sentirse segura entre el calor de las colchas y el cuerpo de Livius o el hecho de que su mente ya no toleraría mas una noche de desvelo producto de la preocupaciones cotidianas y urgentes; pero lo siguiente que Alcyone fue capaz de captar como una sucesión de pensamientos lógicos, fue el resplandor del los primeros rayos de luz colándose entre las cortinas, y el espacio vacío que la acompañaba en el sillón.
Inmediatamente, con la destreza de la guerrera mejor entrenada, siempre alerta ante la menor sorpresa, se puso de pie con un solo movimiento y tomo su barita, aguardando que todo estuviera en calma, en una actitud defensiva que ya se había convertido en un arco reflejo de su cuerpo; hasta que por el umbral de la puerta que se conectaba con el pasillo principal, vio aparecer la figura de un Livius a medio vestir, algo ofuscado por aun no poder anudar el moño de su corbata.
Aquella situación matutina a ninguno de los presentes le resultaba fuera de lo común, por lo que no se sobresaltaron al ver, ni ingresar distraídamente a uno, ni colocada a la defensiva a la otra, simplemente continuaron con su rutina, mientras Alcyone guardaba su barita y sonriente se acerba a su novio.
-Déjame ayudarte – le indico divertida la castaña a pesar de las negativas por parte de este que se empeñaba en arreglarse solo, hasta que finalmente cedió ante la insistencia de aquella mujer – Vez, no era tan difícil, solo es cuestión de practica – se burlo cariñosamente la chica, manteniendo sus labios cerca del lóbulo de su oreja, sabiendo la reacción que provocaría en su oyente, quien rápidamente tomo su blog de hojas que se encontraba dentro del bolsillo de su saco.
“bueno señorita Hitchens, entonces si usted quiere podríamos practicar ahora mismo, como atar y desatar el nudo de mi corbata” – contraataco con una mirada picara dibujada en su rostro, mientras le mostraba las palabras escritas a su novia y le rodeaba la cintura con los brazos, para poder besarla a la vez que la iba dirigiendo de vuelta hasta el sillón de donde recientemente se había levanto, provocando que el blog cayera al piso sin control alguno.
Ambos se besaban como si la vida dependiera de ello, y es que en cierta forma sus vidas dependían de ello, eran la única familia que les quedaba luego de la guerra, cada uno significaba para el otro lo único por lo que seguir luchando, eran su propia esperanza, la promesa de un futuro mejor y de un presente soñado, en el que solo existían ellos dos, amalgama de sudor compartido y aroma a sales prohibidas.
Porque él estaba seguro de estar palpando el paraíso cuando acariciaba cada punto cardinal de su cuerpo, impregnándose de esa fragancia a mujer que solo él conocía de ella, y ella podría jurar que era dueña del destino cuando sentía su cálida lengua humedecer sus pezones y adentrándose en ella, porque juntos bailaban una danza hecha solo para los dos, sintiendo como sus cuerpos se acoplaban a la perfección en el vaivén de aquel ritmo que con los años habían pulido hasta la sublime y exquisita excelencia, y no solo por cuestión de genitales, sino de sus almas, porque Livius y ALcyone gozaban de aquellas experiencias donde la carne se hacía protagonista de esos briosos encuentros, porque habían aprendido a practicar algo mucho mas que el sexo, ellos habían aprendido a hacer el amor.
Alcyone se percato como uno de los botones de su blusa salía volando por aquel living en el que se encontraban al momento en que Livius intentaba arrancársela de un solo tirón, y sentía su rostro arder por la intensidad de los besos y la presión que percibía en su pelvis a causa de la virilidad extasiada de su novio, mientras desordenaba con ambas manos el recientemente peinado cabello de él; hasta que un destello de cordura asomo por su mente y recordó el motivo por el cual su novio ya estaba arreglándose la ropa, por lo que abruptamente se separo del rostro del joven que la miraba desconcertado desde aquella perspectiva, que solo podía lograr ubicado sobre ella.
-Bueno señor Black- menciono con la voz un tanto entrecortada producto de la agitación del momento y el deseo interno de no decir lo que iba a pronunciar para así continuar con lo ya empezado – debo confesar que su…propuesta, suena muy tentadora- continuo con un tono un tanto seductor y contorneando el mentón de su oyente con la yema de sus dedos, a lo que este respondió con una de esas sonrisa indecorosas de las que tan solo era testigo ella– pero lamentablemente si en 20 minutos no se presenta en su oficina, me temo que tendré a medio ministerio de magia registrando nuestra casa certificando que no lo halla secuestrado, por lo que creo que lo mas prudente será asistir a nuestros respectivos trabajos.
Livius resoplo resignado, después de todo su novia tenía razón, él debía estar en 30 minutos en una junta con Isaac y Jezebel para el control semanal de los informes del interior, que luego debían presentar al ministro. Por lo que no era conveniente llegar tarde e incentivar rumores inapropiados, ni alarmar a nadie sin motivos.
Con notable desgano se quito de en cima de su novia, dejándole así vía libre para que ella pudiese salir de allí y dirigirse a cambiarse de atuendo lo mas veloz posible mientras él se dedicaba a acomodar nuevamente su traje y cabello con una notable decepción en su mirar, por ver truncado sus recientes planes.
Sin embargo diez minutos mas tarde cuando Alcyone bajo al living luciendo un casual atuendo rosa pálido, bastante abrigado a causa de las temperaturas características de la época, Livius se hallaba totalmente repuesto y listo para partir ambos rumbo a sus obligaciones diarias, con la usual monotonía que ya caracterizaba sus días, y a continuar con el circulo vicioso en que se habían convertido sus vidas
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Si alguien le preguntara a algunos de sus conocidos a cerca de Ashton Bennett, recibiría una respuesta escueta y precisa en la que lo describirían como un hombre de unos 22 años, cabello y ojos oscuros comunes, andar desinteresado y un poco distraído, que era capaz de pasar desapercibido sin ningún problema entre la multitud, mientras que otros simplemente dirían que se trata de ese joven bajito que, de manera sorprendente para muchos, forma parte del circulo de allegados del vice ministro.
Aquello se debe quizás al aspecto introvertido y casi ingenuo que siempre porta, o a esa actitud de niño que había tenido suerte de encontrar los amigos indicados, que hacían que la gran mayoría de los que trabajaban con y para él le subestimaran en su foro interno, aunque no lo pudiesen demostrar públicamente por el respeto que exigía la posición de la que este era privilegiado. Sin embargo Ashton se jactaba de ser lo suficientemente astuto como para saber cual era su lugar a ocupar en aquella sociedad, y había sido lo suficientemente leal a Albus como para ganarse esa seguridad, porque a pesar de nunca haber sido un prodigio en cuanto a habilidades estratégicas, Ash era un verdadero Slytherin, y como tal, sabía que había muchas cosas que sucedían a su alrededor de las cuales no era informado, pero mientras aquello no le afectara de forma mediata, no le molestaba simular ignorancia, mas bien era un papel cómodo, al que se había habituado, hasta transformarlo en un verdadero crédulo de que la noche ya había pasado por su vida, y ya no volvería.
A pesar de aquello, cuando esa tarde tuvo entre sus manos una serie de informes que eran enviados por los guardias, encargados del cuidado de las distintas moradas de los miembros mas importantes del ministerios, manifestando que todo se encontraba en calma y orden, no pudo evitar tener la certeza de que algo extraño estaba ocurriendo y que mas temprano que tarde, aquello acarraría graves consecuencias. Por lo que, a diferencia de las demás veces en la que había hecho lo mismo, cuando aparto aquellos informes en una esquina predestinándolos al olvido, sintió un poco acostumbrado cosquilleo en la boca del estomago, la culpa.
Y por primera vez en varios años, sintió nostalgia por aquellos días de su niñez en la que tenía la seguridad de ser el único dueño de su destino y su conciencia, pero aquel añoro persistió tan solo por el lapso de unos minutos en los que demoro en regresar su concentración a su anterior lectura y continuar con el resto de su trabajo, después de todo era 24 de diciembre, y aquel día pronto acabaría para darle lugar a la celebración de noche buena.
Definitivamente Ash Bennett era el tipo de persona al que lo que sucedía en el mundo a su alrededor no le importaba demasiado sino le afectaba directamente a él o algunos de sus afines, pero lo que él no sabia era que en ese preciso momento, desde algún lugar impensado, se estaba entretejiendo un juego peligroso, del que ni siquiera sus propios autores tenían la certeza de salir con vida, ni mucho menos, que tan solo dos pisos sobre su cabeza, en una oficina muy parecida a la suya, se encontraba una de sus mas cercanas amigas, de pie frente a su escritorio, contemplando con una expresión indescifrable, una carta que era portadora de la confirmación de aquello que tanto la había mantenido en vela.
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El aroma a tequila y whisky de fuego que inundaba el ambiente, eran propios de las costumbres del anfitrión de la fiesta y su inherente gusto por combinar las culturas muggle y mágica, sintonizando a la perfección con aquella velada en la que todos los concurrentes se mostraban perfectamente adaptados a estas particularidades.
La sala principal del ministerio había sido re decorado con gran esmero por los asistentes, y ahora estaba siendo utilizado como salón, para la convocatoria que Albus Potter había invitado a dicho festejo pre navideño, mientras el considerable numero de convidados se mostraban distendidos y afables, disfrutando tanto de la buena comida, como del suave jazz que sonaba de fondo ambientando el lugar en un clima de jolgorio típico de las vísperas de navidad.
A simple vista uno podía observar los distintos círculos que se formaban en torno a conversaciones superficiales sobre cuestiones como anécdotas cotidianas, quejas sobre el clima agreste de la época y el resultado del último campeonato de quiddich, a demás de los demás hombres y mujeres que deambulaban sin rumbo por todos los extremos, incorporándose esporádicamente a alguna que otra charla o a los bufetes que rebosaban de platos, que dejaban al descubierto los exigentes gustos de la encargada de la elección de los detalles, la misma novia del vice ministro.
En medio de toda aquella algarabía solo se podía contemplar una única figura solitaria, la de una joven que en vano intentaba camuflarse entre los rincones con aquella túnica de gasa con estrás, en color ocre, de la cual a pesar de no estar acostumbrada a vestirse tan extravagantemente, no se quejaba ya que había sido un obsequio de cumpleaños de Livius y no podía negar que podía llegar a acostumbrarse a esa vida de sociedad en la que se habían insertado, aunque aquel pensamiento le resultase contradictorio en aquella circunstancia.
Alcyone se mantenía victoriosamente alejada de la tentación de insertarse en cualquier plática de salón o que tuviese relación con el trabajo en aquel momento, ya que concentraba toda su capacidad de pensamiento en lograr encontrar entre los convidados a la figura esbelta y estilizada de su novio, con quien estaba decidida a hablar antes que todo aquel arrebato de valor que tanto le había costado conseguir, se desvaneciera de su cuerpo, y ya no tuviese la entereza necesaria de comunicarle aquello que le estaba provocando un incomodo nudo en la garganta desde que comenzó a sospecharlo.
-¿Sabes que es un verdadero desperdicio visual el que permanezcas tan apartada en un rincón luciendo semejante vestido? – la sobresalto la voz de Agamenón, quien sin previo aviso se encontraba de pie junto a ella en compañía de Ash y Jezebel, quienes la miraban inquisitoriamente en espera de una respuesta por parte de la aludida.
-En realidad solo me aleje un poco para poder admirar mas la fiesta – mintió fallidamente la castaña, sabiendo que ninguno de sus oyentes le creería pero sin saber que mas decir, ya que no quería que le cuestionaran mas a cerca de su taciturna actitud.
-Mas bien parece que buscas a alguien Alcy – se burlo Ash del pobre intento de su amiga por engañarlos, a lo que los otros tres simplemente sonrieron en acuerdo con lo dicho.
-Bien, lo acepto ¿alguno de ustedes ha visto a Livius? Desapareció a penas llegamos, debía hablar algo, según é,l urgente con Albus y aun no lo he vuelto a ver
-Si, me pareció verlos pasar a ellos dos y a Scorpius fuera del salón, pero no estoy seguro, quizás ya estén por volver, ya saben como es Al cuando se trata de encargarnos misiones en privado – menciono distraídamente Ash, demasiado acostumbrado a aquellos eventos como para inmutarse, mientras no dejaba de mecer su copa y asi jugar con la aceituna que reposaba en el fondo vacio
-Si, aunque quizás sea mejor asi, a fin de cuentas siempre nos terminamos enterando cuando ya esta todo listo , a demás, demasiado tenemos cada uno con los que nos toca hacer como para ocuparnos de los labores ajenos – rebatió Agamenón con un dejo de resignación en la voz
-bueno chicos, ustedes me disculparan, pero esto es una fiesta, estamos celebrando que pronto será navidad, asi que yo no quiero esperar a las doce aquí en una esquina amargándome por los planes y no planes de Albus, no al menos por esta noche, asi que me voy a seguir disfrutando del baile ¿Quién me sigue?- declaro la ex huffpuff tironeando del brazo de Ash
-Si, creo que todos necesitamos distraernos un poco, y un baile no matara a nadie ¿vienes Alcyone?-interrogo Ash extendiéndole el brazo a su amiga mientras Jezebel comenzaba el camino hacia el centro del salón, a lo que la misma solo realizo un sutil gesto de mano en señal de agradecimiento pero declinando la invitación.
-Ustedes vayan, yo me quedo a hacer compañía Alcyone hasta que aparezca Livius, no se pierdan de esta pieza por mi – bromeo Agamenón antes de ver como su otro compañero también se perdía entre la muchedumbre
-Curiosa combinación ¿no crees? – inquirió el moreno a la joven aun observando el sendero por donde habían marchado los otros dos integrantes de la charla
-¿Quiénes? ¿Jezebel y Ash?- nunca se me hubiera cruzado por la mente, aunque si lo analizo bien no sería algo muy descabellado, solo que todos sabemos que ella no es ninguna ingenua ni frágil damisela, que espera a su príncipe azul, y Ash…digamos que no es la clase de persona de la que uno esperaría terminara con alguien como ella.
-Si, pero se llevan bien , y ambos están solos…
-Vos también estas solo hasta donde yo sé y no por ello Ash anda buscándote pareja- se bufo la chica prestándole atención a las palabras de su compañero pero sin dejar de registrar el lugar con la mirada
-Es diferente, lo mío es… relaciones sin compromiso, sabes bien que no soy hombre de una sola mujer – menciono Agamenón en tanto observaba a las oportunas jóvenes que atravesaron por su campo visual en ese momento, a lo que Alcyone solo negó con evidente escepticismo de sus palabras, entrecerrando los ojos.
-Yo diría en realidad, que eres hombre de la única mujer a la que no puedes tener – sentencio pícaramente, ganándose una mirada entre incomoda y reflexiva de su interlocutor, el cual afirmo lo dicho, escuetamente y con pesar, ya que ambos sabían lo cierto de aquello.
-Al menos tú tienes a Livius a tu lado, no sabes la suerte que eso significa
-Si…pero no me asegura nada – comento ausentemente Alcyone, esta vez con la mirada perdida en uno de los pasillos de entrada, como si esperara que por allí pasase la respuesta a lo que en ese momento se cuestionaba.
-¿Por qué lo decís? ¿Qué sucede? – se apresuro a rebatir Agamenón, pero antes de poder siquiera ver mover los labios a Alcyone para contestarle su duda, fueron interrumpidos por la llegada de Albus y Livius, los cuales se colocaron en frente de ellos con total naturalidad como si hubiesen estado conversando a cerca del incremento de los presupuestos escolares.
-¿Cómo están? ¿Disfrutan de la velada?- menciono Albus a sus amigos con todo su despliegue de bueno modales a la vez que apoyaba su mano en el hombro de Agamenón y recibía una respuesta afirmativa, antes de dibujar una sonrisa en su cara, de esas que guarda para aquellas ocasiones formales, y recomendarles que siguieran deleitándose con la noche a la vez que se excusaba de tener que ir a continuar con la recepción.
-Yo también tengo que irme – declaro Agamenón observando a la recientemente reunida pareja – lo mejor será que los deje a solas un rato, es navidad, y todos merecemos divertimos a nuestra manera, nos vemos chicos, si me necesitan lo mas seguro es que este con Isaac – saludo antes de marcharse y dejar a Alcyone mirando inquisitoriamente a su novio.
Livius ante esto, primero beso a su novia en forma de saludo y luego prosiguió a sacar su blog de hojas y escribir “No te preocupes respecto a mi charla con Albus… todo esta en orden”, a lo que la joven resoplo con desgano y termino dando por zanjado el asunto, para volver a taladrar con la mirada a Livius
-Necesito hablar contigo, pero no aquí dentro, ¿podemos salir un momento?- Menciono la chica intentando librarse de las palabras que tenia que decir lo mas pronto posible, a lo que su novio asintió con la cabeza comprendiendo que aquello mas que una pregunta, era un indicación de que la siguiese, por lo que ambos se tomaron de la mano para salir de allí lo mas discretamente posible.
Las voces y la música provenientes de la fiesta comenzaban a extinguirse siendo reemplazados por los sonidos del eco de los pasillos vacios el taconeo constante del caminar de la pareja que se dirigía en búsqueda de un espacio del que gozaran mayor privacidad, por lo que una vez alcanzada una distancia prudente que los separase de la concurrencia, Alcyone se detuvo en uno de los bancos predispuestos en los pasillos para la atención al publico e insto a su novio a que la imitase.
Livius no solía cuestionar las actitudes de su novia, puesto que en los años de convivencia, creía conocerlas todas, incluso muchas veces hubiera jurado no necesitar siquiera que ella le dijese muchas de las cosas en las que pensaba, ya que con el tiempo ambos, quizá también a consecuencia de la incomodidad de él, de comunicarse mediante escritos, habían desarrollado una maravillosa capacidad de predecir el comportamiento y palabras del otro.
Pero en esa ocasión Livius Black sentía que por un momento, lo único de lo que estaba seguro era de tener la sensación de no conocer a la joven sentado junto a él; porque aquella no parecía ser Alcyone sino una niña de 10 años apunto de confesarle a su papa que había roto un espejo, con temor a que este le castigara; y a la vez, se mostraba segura de querer decir lo que tenia preparado, como si de un gran misterio se tratase y muchas cosas cobraran sentido tras aquello…
El silencio se perpetuaba mas a cada segundo, amenazando con volverse un compañero permanente entre ellos dos, mientras la mirada de la chica mostraba la batalla que se desataba entre su cerebro y su garganta, por lo que él la incentivo con un sutil gesto a que continuara con lo que le tenía que decir
-Livius…- comenzó endeblemente, como si estuviera pidiendo permiso para continuar, a lo que el joven respondió tomándola de las manos para que no se detuviese, sin dejar de sostenerle la mirada, y por esa milésima de segundo sintió por primera vez desde esa tarde, cuando noto que ella actuaba distante, ese calor tan conocido por él, que le invadía cuando se sentía verdaderamente conectado con quien siempre había sido su único amor; algo que ella parecía compartir ya que se mostro mas calma y segura.
-Desde hace unos días, mas de una semana quizás, comencé a notar ciertas irregularidades en mi, y comencé a tener una sospecha que…no te comente para no preocuparte sin estar segura; por lo que decidí descartar todas las posibilidades y hoy me enviaron los resultados desde San Mungo y…- relato la castaña con normalidad, a la vez que su novio intentaba comprender el significado de aquello le contaba, hasta que luego de hacer una pausa para respirar y tomar con mas fuerza las manos del moreno como si temiese que fuera a escapar, lo miro significativamente, con unas pocas lagrimas queriendo escapar de sus ojos – estoy embarazada Livius